Breve resumen de cómo está la Iglesia en México.
Terminan las confirmaciones en la Catedral. Después de la bendición, el monitor dice lo siguiente:
"Hay que agradecerle al Cardenal, pues vino a celebrar. Démosle un aplauso."
*Clapclapclapclap* (En este momento, Gina no puede aplaudir de incradulidad. Se da golpecitos en el dorso de la mano, esperando que no esté pasando lo que está pasando, o que al menos se pida también un aplauso para los recién confirmados)
Y nuestro Cardenal no creyó conveniente hacer ninguna aclaración*. Concluye:
"La Misa ha terminado. Vayan en paz."
...Iré a llorar a mi rincón mientras abrazo mis documentos del Vaticano II y les susurro que todo estará bien.
*La teóloga irreverente sugiere:
-Aquí vivo, es lo de menos.
-Es mi deber como Pastor, pues con mi presencia represento la unidad de la Iglesia.
-El aplauso es para Dios, que nos ha llamado a todos a recibir su amor y salvación.
-No estoy por encima de ustedes, y para mí es un honor ser su servidor. Por lo tanto, quisiera que el aplauso fuera para estos hermanos nuestros que hoy han recibido la gracia en plenitud.
-Hijos míos, no aplaudan. De lo contrario, será el final de Misa más incómodo que hayan visto en sus vidas.
PD: De cualquier modo, nadie me quita la alegría de haber escuchado el Evangelio de Jesús con la Samaritana, o de haber sido espectadora y acompañante de mi hermana en su Confirmación.
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