miércoles, 18 de marzo de 2015

Santa Ana y el novenario de Isabel

Mi reflexión empezaba a volverse demasiado larga para un estado de facebook.

Las enseñanzas secretas de Isabel

Isabel me caía muy mal cuando la conocí. Era una de esas personas que, aunque te estás esforzando en amarlas, y aunque no te han hecho nada, hay un no sé qué estorboso que hace que no las aguantes. Así conviví con ella unos meses. Las dos éramos ministros extraordinarios de la Comunión, las dos éramos salmistas, y las dos pertenecíamos al equipo de evangelización. Es decir, que la veía casi en cualquier momento durante mis apostolados parroquiales.

Un día, en un descanso durante una de nuestras labores compartidas, un retiro de evangelización, decidió abrirme su corazón y compartirme una lucha espiritual que tenía en ese momento de su vida. Su historia giraba en torno a una señora que ella no aguantaba, y que sin embargo tenía que soportar todos los días, y más aún, servirla. Fue la primera vez que mi corazón recientemente evangelizado entendió aquello de que cada persona tiene sus luchas y sus historias. A partir de ese momento empecé a esforzarme más por conocerla y comprenderla.

Tuve también oportunidad de salir un par de veces a cenar con ella y su esposo, y otro par de matrimonios, y el sacristán. Pasó el tiempo, y la gracia iba actuando poco a poco, y mi trato con ella se volvió más sincero y más genuinamente cristiano. Cuando por fin superé ese pequeño reto espiritual, quiso Dios que yo estuviera presente cuando ella compartió su testimonio en un reitro posterior: Dios le había dado la gracia de comprender, aceptar y amar a aquella persona que le estaba costando trabajo. Aquella misma que meses atrás tanto la estaba haciendo sufrir, se había convertido para ella en el camino por el cual estaba reencontrando a Dios.

Interesante coincidencia. Sin que ella lo supiera, aprendí mucho con nuestra convivencia, y me ayudó a poner en práctica el amor sobrenatural al que estamos llamados. Cuento esto a modo de homenaje. Isabel falleció, y hoy volví a Santa Ana para acompañar a su familia y rezar por su eterno descanso.

El Retorno de la Gina y el amor de Comunidad

Soy muy afortunada de pertenecer a una "Iglesia Madre" en toda su extensión. Me refiero específicamente a mi parroquia madre, Santa Ana.

1. Una vez más fui testigo de la tranquilidad de mis hermanos de comunidad cuando enviudan. Ni siquiera parecen necesitar palabra alguna de consuelo: al contrario, muchas veces el viudo es quien está sonriente y consolando a los demás. Hoy Ricardo no era la excepción. Si el sacerdote hablaba de esperanza, Ricardo tenía la mirada en alto, si el sacerdote hablaba de misericordia y amor de Dios, él asentía con confianza. Hasta se dio el tiempo de aconsejarme y regañarme al final de la Misa, como si nada, como de costumbre.

2. Pero quiero hablar de mi experiencia personal de esta tarde. En todo momento, desde que puse pie en el templo, recibí muestras de afecto y acogida. Sonrisas, abrazos, bienvenidas, agradecimientos. Abrazos, besos, y Nerea preguntándose por qué toda esa gente insistía en saludarla. Durante la Misa, hasta Nerea se portó distinto, copiaba los gestos, repetía las oraciones (con mucha imaginación se podría decir que eso hacía), cantaba, no se alejaba de la banca. En fin, sin que los demás dijeran palabra, se sentía ahí un apoyo invisible de comunidad que acoge y enseña. Sin mencionar la Providencia que fueron para mí las lecturas de hoy, lo reconfortante que es contemplar a Dios en el lugar donde lo conocí, reencontrándome con el lugar, sus objetos, los gestos, los cantos. Y al final de la Misa, nueva lluvia de apapachos y bendiciones.

Es una de esas veces que te preguntas ¿por qué tanto amor, Señor? Ir a Santa Ana me llena de fuerzas para seguir luchando por convertirme en ese mismo apoyo y consuelo para las personas en mi actual parroquia. Ojalá pueda reflejar tan solo un poco del amor que yo he recibido de esta comunidad.

Isabel y Ricardo, los primeros a la izquierda.

martes, 24 de febrero de 2015

La Vida y el Insomnio

Algo me dice que las últimas horas han sido muy importantes.

Ayer, en un momento apasionado y apresurado, decidí ir a hacer oración a una clínica de abortos en Coyoacán, como parte de la campaña mundial "40 días por la vida". Pregunté si les faltaba gente, y me dijeron que sí, a las 3pm. Ya era casi la hora. Fue así que dejé a mi bebé durmiendo la siesta en casa de mi abuela, y corrí a acompañar a otros bebés en sus últimos momentos.

Después de un largo trayecto, encontré la clínica, y a una chica de mi edad rezando sola. Llegué, saludándola con la familiaridad de quien comparte la misma causa, y la acompañé durante el resto del Rosario. Me dijo que si quería sacar mi guitarra y cantar un poco. Así lo hice. Llevábamos casi toda una Coronilla de la Misericordia con cantos intercalados, y ya habíamos visto a algunas parejas entrar y salir de la clínica, cuando se acercó un grupo de preparatorianos, enviados por un maestro, a ver qué hacíamos y por qué lo hacíamos.

Diana, mi compañera de oración, empezó a explicarles algunas cosas. Yo me quedé rezando un momento más, y después me acerqué al grupo. Muy espontáneamente, decidí compartir mi propia historia. Al principio todo bien, y al final también. Pero hubo algo en medio. De pronto se hizo un puente de unión entre aquél primer shock del embarazo -miedos, inseguridades, pleitos, depresión- y la familia que tengo ahora, ya habiendo ganado la batalla. Algo se me acomodó en el alma, y entendí muchas cosas de pronto, y me puse a llorar... como quien por primera vez se da cuenta de algo. Conmigo lloraron algunos de los presentes. Concluí invitándolos a ser valientes, a no sentirse solos y a no dejar a nadie solo en una situación así. Me despedí con una sonrisa y con la promesa de regresar pronto.

Regresé a casa con mucho cansancio físico, pero con el alma muy fuerte y muy dispuesta a servir y amar mejor. De pronto me había dado cuenta de la magnitud del regalo que tenía en casa. Para ese entonces, mi esposo e hija ya estaban esperándome. El resto de la tarde fue muy cotidiana, con sus alegrías y dificultades. Rezamos en la noche, como todas las noches, y nos fuimos a dormir.

Durante la noche tuve sueños tranquilos, pero todos giraban en torno a mi experiencia de la tarde delante de la clínica. Soñaba con las personas que había visto, soñaba que rezaba, que explicaba cosas, que viajaba hacia la clínica. Desperté, con todos los recuerdos muy a flor de piel, sintiéndome tranquila, pero al mismo tiempo sin poder dormir. De pronto sentía muchísimo calor.

Junto a mí, mi esposo comenzó a moverse violentamente en sueños. Lo abracé, se despertó y me abrazó con fuerza, diciéndome "te amo". No me dijo nada más. Pasó tal vez media hora de silencio, pero ninguno podía dormirse. Mi esposo, santo en potencia y lleno de buenas costumbres, se paró y fue por su rosario. Y ahí estábamos, rezando juntos un Rosario a las 4am. Él le pedía a Dios que nos ayudara a comprender el por qué de ese momento, yo lo ofrecía por todos los que se encontraban velando esta madrugada junto con nosotros -agonizantes, enfermos, parturientas, deprimidos, orantes, suicidas-.

Terminando el Rosario, mi esposo me dijo que él estaba soñando que predicaba sobre el significado de la Semana Santa, cuando de pronto el sueño daba paso a una presencia demoniaca... y ya no lo sentía tan "sueño", sino que se trataba de algo más bien real. Hacía mucho tiempo que ni a él ni a mí nos pasaba algo así. Me dijo que sintió que "eso" estaba muy enojado, y que la causa era que yo había estado rezando delante de la clínica -y en general que no nos estamos quietos-. Este tipo de sucesos son señales de que vamos por buen camino.

Nos quedamos platicando muy profundamente sobre nuestros miedos y batallas hasta que sonó el despertador. Él fue a prepararse para ir al trabajo, y yo me senté a escribir una entrada de blog a las 5:30 de la madrugada.

Insisto, algo me dice que las últimas horas han sido muy importantes.

viernes, 6 de febrero de 2015

Querida comunidad

Querida comunidad a la que no sé cómo decirle esto, y que probablemente nunca te lo diga:

Me sorprendió mucho lo sucedido en la junta parroquial anoche. Estaban muy enojados todos por lo que yo he hecho en meses recientes. Una corista estaba enojada porque le regalé un libro de formación musical litúrgica, una ministro extraordinario estaba enojada porque les dije que había que mejorar nuestra liturgia dominical (y porque propuse que otras personas se involucraran en la organización de las Misas), otros tantos estaban enojados porque nadie más que el sacerdote debería hacer correcciones fraternas.

Fue así que una reunión de consejo parroquial terminó girando en torno a mi persona. Verdaderamente no es la primera vez que me hacen corrección fraterna comunitaria, pero nunca con una mentalidad tan... inesperada. Por lo que dejaron ver, todos ustedes "llevan años haciendo..." y nunca nadie les había dicho cómo hacer las cosas. Por lo tanto, asumieron que estaban bien y así se quedaron, así se hacen las cosas aquí, y no permiten la entrada a nada que amenace la zona de confort a la cual han llegado.

Que la teóloga, dicen, haga lo suyo, y que no se meta con lo nuestro. Que solamente el sacerdote haga correcciones, que la teóloga solo hable directamente con el padre. Que no se haga ninguna iniciativa de enseñarles nada a ellos. Que vaya con los feligreses comunes, pero que a ellos no les diga nada. Pues pobre hombre, mi párroco, pero que así sea. Yo estoy para servir a Dios y para apoyar a mi sacerdote, tengo un radical compromiso con la Iglesia y la evangelización. Territorialmente son mi comunidad, y sinceramente estoy convencida de que tengo mucho que aportar, por mi carrera y mi experiencia pastoral.

Ya me habían advertido que a la gente no le gusta cambiar, y que tuviera cuidado, que podían volar platos, pero nunca pensé que fuera el estado general de más de la mitad de los miembros del consejo. Y como mi objetivo no es humillar gente para tener la razón, sino que lleguen al conocimiento de la verdad, he sido orillada, y me han obligado, a renunciar al trabajo por las almas de los más importantes de la comunidad, los responsables de la formación de las personas y de la organización de la liturgia.

Qué lástima que no lo sepan todo, pero que prefieran pretender y convivir como quien no tiene nada que aprender.

Se sintieron invadidos en su libertad, lo cual nunca fue mi intención. Sólo pensé, ingenuamente, que estábamos en el mismo equipo. Pensé que estaban dispuestos a derrumbar lo lo que hiciera falta para empezar a trabajar en serio, aunque eso significara levantarnos de entre los escombros. Ahora veo que no, que la Costumbre es el primer valor de la comunidad.

A veces cuesta trabajo encontrar compañeros con quienes caminar el camino a la santidad. Gracias a Dios, tengo ya algunos. En cuanto a ustedes, me alegra que no todos se unieron a las pedradas de anoche, y hubo quienes pidieron que hubiera paz. Al menos sé que habrá quienes no estén sumidos en la incomodidad cada vez que yo entre a la parroquia a hacer lo mío. Lástima por los que se la pasen mal. A mí me da gusto verlos a todos, y sé que son hijos amados de mi Dios y Padre, y por eso lo soporto todo... por la salvación de ustedes. ¿Será muy metiche de mi parte eso, preocuparme por que ustedes lleguen al Cielo? ¿Será que aquí cada quién lucha solo?

Cuentan con mis oraciones, a la distancia, sin molestarlos en lo que han hecho durante años.

La Teóloga Metiche.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Tierra de María - Reseña Testimonial

Anoche, mi esposo y yo pudimos estar entre los primeros espectadores mexicanos de la película/documental Tierra de María. Dado que me considero fan de los trabajos de Infinito Más Uno, supe desde hace varios meses que la película estaba circulando por el mundo, y rezaba por que llegara a México. Mi misma impaciencia me llevaba a buscar entrevistas, avances, comentarios, nuevos fragmentos de la película que me dieran más pistas sobre lo que iba a ver.

(Nota medio al pie: Tierra de María llegó en un momento muy oportuno, pues hace un par de años empecé a descubrir, a partir de mi casi nula relación con María, que tenía que sanar muchas cosas de mi pasado y presente. Para mí la película era una luz de esperanza para comprenderme y atreverme a confiar más en la gracia de Dios, que puede hacer nuevas todas las cosas.)

Por lo mismo, puedo decir sinceramente que la película fue lo que esperaba, y esperaba algo muy bueno. Tengo una extraña sensación de que todo sucedió como debía ser, pero que también hubo una cierta novedad, una superación de expectativas, que no me toma por sorpresa pero que tampoco imaginaba.

La película transcurrió con paz y mucha belleza. Estoy, como teóloga, absolutamente maravillada de cómo representaron la creación del mundo, la relación de Dios con los hombres y el papel de María en la historia de la salvación. Creo que aclara muchos malos entendidos y enriquece la comprensión muchos aspectos de la fe, con imágenes y palabras sencillas. Juan Manuel Cotelo logra lo que yo intento hacer todos los días, pero sin complicarse tanto. Antes de pasar a la parte más personal, quiero decir que, profesionalmente, Infinito Más Uno es para mí un ejemplo de evangelización contemporánea efectiva, amorosa, sencilla y llena de verdad.

Hablar de la película es hablar de uno mismo. Cada quien la mira con experiencias y preguntas propias. Ahora entiendo por qué hay resultados tan diferentes, comentarios tan diferentes de quienes la ven. Por eso no puedo hablar objetivamente de Tierra de María, porque al verla la sentí muy mía. Les comparto, pues, lo que yo experimenté.

Fue un sencillo recordatorio, como una carta o un abrazo que recibes de alguien a quien amas y conoces, y de quien te sabes amada. Me llenaba el corazón ver mi propia conversión reflejada en las historias, incluso describiendo experiencias muy similares a las mías. También, en esas miradas llenas de amor y comprensión, veía reflejadas a personas muy específicas, todas involucradas en mi camino de conversión: tal sacerdote, tal amiga, tal maestro.

Las miradas, las palabras, las experiencias: todo resonaba muy dentro de mí, recordándome aquella frase de San Agustín que en su momento me impactó: "Tú estabas dentro y yo fuera, y por fuera te buscaba". Sin embargo, contrario a lo que imaginé, casi no lloraba (y eso que yo lloro demasiado). Todavía no encuentro palabras para explicar como me sentía, pero creo que la expresión es "niña", niña en brazos del Padre. No profundizo más aquí, porque creo que no yo he entendido todavía lo que la película significó realmente para mí.

No esperaba ninguna experiencia sobrenatural personal de Tierra de María (como siempre, me distraigo pensando en que ojalá le sirva a otros), pero experimenté un pequeño milagro llegando a casa. Una sabe sus sufrimientos y problemas, y no los mencionaré aquí, pero sí quiero que sepan en qué consistió el milagro: nunca en mi vida había mirado a mi hija con tanto amor de madre, Madre, como cuando llegamos a recogerla a casa de mis suegros, regresando de ver la película.

Es algo muy personal que no puedo explicar en este momento, pero ese detalle fue muy especial y muy de Dios. Ahí, con ese suceso, invisible para alguien más, que me emocionó hasta las lágrimas, pude experimentar cómo la película, con su sencillez, me acomodó el corazón (así como la afinación de un instrumento). Apenas fue el primer fruto de algo que no me atrevía a pedir pero que sí anhelaba mucho, un fruto que me indica que apenas es el inicio de un capítulo completamente nuevo en mi vida, lleno de ternura y reconciliación, lleno de la amorosa presencia de Dios, y de María.

Voy a estar rezando mucho, mucho mucho.

lunes, 14 de julio de 2014

Velo nomás

La historia de la mamá teóloga con velo

Recientemente he visto y leído muchas cosas que me han llevado a tomar una decisión muy difícil, muy polémica, muy intimidante, pero muy hermosa.

El primer domingo de Adviento de este ciclo litúrgico fui a una capilla por San Cosme que celebra la Misa tradicional. Esa fue la primera vez que usé "velo" en Misa. Al día siguiente, como parte del uniforme del grupo de canto gregoriano de un querido maestro (el mismo que me había invitado a la Misa tradicional), cantamos en Misa usando velo... uno ligeramente mejor planeado.

Nada cambió en ese entonces, salvo el conocimiento de que hay mujeres que continúan usando velo en la Iglesia, y que no me molestaba usar uno.

Después, cuando estaba por suceder la canonización de Juan Pablo II, estaba muy pendiente de las actualizaciones en facebook de Jason Evert, un teólogo que amo, que ama a JPII, y que estaría presente en el evento. Para mi sorpresa, cuando subió una selfie en la Basílica de San Pedro, vi que su esposa llevaba puesto un velo café claro. Ahí empezó todo.

La foto fue muy difundida, de modo que la esposa de Jason, Crystallina Evert, subió una entrada de blog acerca de su propio proceso de discernimiento sobre la importancia del velo. Después conocí a Lily, la creadora del velo de Crystallina, que actualmente tiene un taller de velos llamado Veils by Lily, con una tranquilizante sección de preguntas y respuestas, y folletos para explicar de manera sencilla por qué las mujeres católicas han utilizado velo durante 2000 años.

Fue así que inició una temporada de genuino insomio, aprendiéndome el catálogo de Lily, leyendo artículos en internet y preguntándome por el velo. Lo comenté con mi esposo un día a las 5 o 6 de la mañana, y él, como siempre, me invitó a dejar de preocuparme, hacerlo y ya. Se lo cumplí, porque pocos días después estaba despertándolo para preguntarle (avisarle) por su tarjeta de crédito para pedir un par de velos de Lily. Mientras llegan, he usado un par de telas de seda que encontré en casa de mi tía abuela.

Es difícil, como mamá de una bebé, superar el temor a verme demasiado piadosa con velo mientras al mismo tiempo persigo a mi hija con un peluche por toda la iglesia. Como si no estuviera llamando la atención lo suficiente. Pero no puedo ignorar lo que he descubierto. 

Hay momentos en los que me siento insegura de mi decisión, pero hay veces en las que todo luce correcto y brillante: cuando escucho a Athanasius Shneider, un obispo dulce y amante de la Iglesia que promueve que ésta regrese a sus gestos tradicionales de adoración... sobre todo la comunión de rodillas y en la boca (entrevista en inglés aquí); cuando leo los artículos de ánimo de Lily; cuando pienso en Crystallina, una de las mujeres más mujeres que conozco, con su velo; cuando pienso en las santas de la Iglesia, en María, en la Tradición, en que estoy comulgando el mismo Pan y escuchando las mismas palabras que han escuchado los Santos. 

Después de lo que aprendí sobre el velo, no puedo ignorar lo que siento en el corazón... desde hace 8 años trato de responder a esos pequeños llamados que siento tan claros y tan fuertes, y siempre he recibido mucho más de lo esperado. Usar velo no ha sido mi renuncia más "difícil", pero me expongo al juicio dentro de mi propia Iglesia, y eso me da miedo. Exige de mi parte un compromiso de dar más testimonio, ser más humilde, y juzgar menos... y sobre todo de dejar de preocuparme por lo que piensan los demás. Muy providencialmente, todo esto coincidió con un clavado que me eché en la espiritualidad del Padre Ignacio Larrañaga, cuyo tema central es el abandono en Dios.

Comparto los argumentos "puros" acerca del velo:

Existe un fundamento bíblico del velo en 1Cor 11, 3ss, que es confuso a primera vista, porque lo que dice San Pablo suena misógino. Pero sí vale la pena mencionarlo, pues hay algo rescatable cuando se lee en el contexto de que el hombre es imagen de Cristo y la mujer imagen de la Iglesia. La evolución posterior de la práctica del velo llegó a darle significados más profundos.

1. La mujer cristiana se vela para proclamar la gloria de un solo hombre: Jesús realmente presente en la Eucaristía. Si ahí está el Santísimo, la mujer usa velo como signo visible de adoración y fe. Es un acto de reconocimiento del Señorío de Jesús, abandono en su Amor, y compromiso de buscar la santidad. Por lo tanto, si se está en Misa, y especialmente comulgando, o si se está en adoración al Santísimo, se utiliza velo.

2. La mujer, imagen de la Iglesia, imagen de María, usa velo como signo visible de lo que la Iglesia debería ser: una Esposa que se entrega totalmente a su Esposo (pues Él ya se entregó por Ella antes). La Misa es un banquete de bodas... especialmente la comunión es un símbolo nupcial de "hacerse uno" con Dios. Usar velo se convierte en un recordatorio para nosotras mismas y para otros de cuánto tenemos que entregar, cuánto nos falta caminar como Iglesia para vivir como Esposa que anuncia al Esposo al mundo.

3. Los velos en las iglesias hacen referencia al Misterio de Dios: vemos y experimentamos su grandeza, pero no lo entendemos. Como diría el P. Diego, somos mensos tratando de entender lo inmenso. Percibimos el Amor que nos desborda y que siempre nos sorprende, pero nunca podemos abarcarlo por completo. En la Liturgia, lo más sagrado lleva velo: el Tabernáculo, los vasos sagrados, etc. Las mujeres usamos velo por la dignidad sagrada que poseemos como portadoras de vida. Reflejamos a María, el primer Sagrario, Arca de la Nueva Alianza. Usar velo es aceptación de la vida humana y compromiso por acoger a Dios en nosotras.

En fin, y en resumen, somos Iglesia, somos María, somos esposas de Cristo, somos dignas y sagradas... y tenemos un Esposo vivo y presente que nos ama. Claro, aún las mujeres que no utilizan velo son todo eso, y reciben el mismo amor infinito de parte de Dios; pero como diría San Juan Pablo II en Ecclesia de Eucharistia 61, no hay "peligro de exagerar" en nuestra adoración a la Eucaristía, porque en ella se resume todo el misterio de la salvación. Y la Tradición es testimonio de cómo custodiamos ese Tesoro.

Al dar a la Eucaristía todo el relieve que merece, y poniendo todo esmero en no infravalorar ninguna de sus dimensiones o exigencias, somos realmente conscientes de la magnitud de este don. A ello nos invita una tradición incesante que, desde los primeros siglos, ha sido testigo de una comunidad cristiana celosa en custodiar este «tesoro». Impulsada por el amor, la Iglesia se preocupa de transmitir a las siguientes generaciones cristianas, sin perder ni un solo detalle, la fe y la doctrina sobre el Misterio eucarístico. No hay peligro de exagerar en la consideración de este Misterio, porque «en este Sacramento se resume todo el misterio de nuestra salvación.»

Hay una parábola muy breve que dice que un escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un padre de familia que saca del baúl tesoros nuevos y antiguos. Después de conocer la fuerza del significado del velo, no podía más que sacar ese "tesoro antiguo" de la Iglesia y abrazarlo como una nueva y hermosa forma de manifestar mi adoración. Estoy muy sorprendida por todo lo que he descubierto. 

Y perdón si los recursos son en su mayoría inglés: al parecer el boom de retorno al velo es más fuerte en Estados Unidos... por el momento. Agradeceré que otras mexicanas católicas con velo se hagan presentes. Ya coloqué aquí una primera piedra.

Finalmente, comparto un video acerca del nuevo interés por el velo:


martes, 8 de abril de 2014

Responsabilidad Social de la Empresa

Un pequeño ensayo para mi materia de Teología Moral de la Sociedad, al tocar el tema de la moral cristiana socioeconómica. Me declaro principiante en el tema, pero la verdad es que estoy encontrando mucha motivación para especializarme en Doctrina Social de la Iglesia.
Y dice:

***

La Responsabilidad Social de la Empresa (RSE) es una idea presente en casi todas las empresas grandes del mundo. Sin embargo, no es suficiente su presencia: hay que analizar cuidadosamente cuáles son las motivaciones de los empresarios, y más aún, qué entienden por RSE y cuál es el trasfondo ético que la inspira. No todas las formas de RSE son compatibles con la propuesta de la Doctrina Social Cristiana.

Por ello es importante aclarar qué es realmente la RSE y cuál es el camino para aplicarla. Actualmente no existe una definición generalizada y única, y más bien depende del consenso que se logra paulatinamente entre todos los involucrados. Es crucial que el acuerdo que se alcance tenga las motivaciones correctas y el trasfondo ético correcto, de modo que la RSE pueda ser algo permanente en la economía mundial.

Ser Socialmente Responsable pide llevar a cabo acciones específicas

La RSE se expresa en el interés que tiene la empresa por mejorar algunas realidades: impacto ambiental; derechos de los trabajadores (asociación, eliminar trabajo forzado, libertad, igualdad, dignidad); derechos humanos (creatividad, justicia); participación comunitaria a través de donaciones y voluntariado; crear estándares de conducta empresarial y quien pueda monitorear su cumplimiento; mercadotecnia e imagen (integridad del producto, empaque, publicidad, precios); desarrollo empresarial y económico de la comunidad (apoyar nuevos negocios); aportar al logro de una educación de calidad; reportar desempeño en los ámbitos económico, social y medioambiental.

Generar utilidades sigue siendo necesario, pero ya no es suficiente. La RSE está destinada a ser, permanentemente, la connotación del comportamiento de las empresas. Lo económico ya no puede verse como algo independiente. Las empresas deben ser aceptadas por la sociedad civil. Está evolucionando la noción de responsabilidad, y se empiezan a tomar en cuenta las consecuencias de las acciones individuales.

Trasfondo ético de la RSE

El cambio de mentalidad debe inspirarse en el genuino interés por responder a las necesidades reales del ser humano, y darle el lugar que le corresponde en el funcionamiento del mundo. La Doctrina Social contribuye al plantear la empresa como una comunidad de personas que conscientemente buscan el bien de todos, abiertas a la solidaridad, gratuidad y responsabilidad. Una empresa donde la persona es el centro. Los principios de la DSI, al ser comprendidos en su conjunto, se convierten en pilares para la RSE. El ámbito empresarial necesita de estos principios y de personas que quieran aplicarlos.

Motivaciones

Las empresas deben avanzar en las motivaciones que las llevan a buscar la RSE. En una primera etapa, muchas se han visto en la necesidad de transformarse “por fuerza” (presión del mercado y de los clientes). En otros casos, los empresarios han descubierto que las empresas más humanas son también más rentables, y aplican los criterios de RSE por un beneficio monetario. Otra etapa es la convicción: se realizan acciones por el cambio que logra en las personas. 

Es esencial el acompañamiento a la empresa, aplicando el principio de subsidiariedad, de modo que la empresa funcione por sí sola hasta el momento en el que sus miembros estén convencidos de que la RSE no es solamente una teoría, sino que es el modo en el que los negocios se llevan a cabo. Hay que poner en evidencia cuáles son las verdaderas riquezas, para que las personas que están al frente de las empresas no piensen que el interés personal contradice el interés por los otros. Se trata de guiar paulatinamente hacia el descubrimiento de que la vida virtuosa es la mejor vida, y de que el bienestar material no es todo el bienestar al que el hombre aspira.

Llevándolo a la aplicación

En este punto, quisiera compartir una iniciativa que encontré al hacer mi investigación sobre este tema. Con el objetivo de poner en práctica la DSI, un grupo de personas en México creó en 2008 el Consejo Latinoamericano de Calidad Humana y Responsabilidad Social, y desarrollaron lo que han llamado la “Norma CRESE” (Certificado de Responsabilidad Social Empresarial). De esta forma es posible evaluar si las organizaciones respetan la dignidad de la persona y la consideran fin y fundamento de las mismas, y el Certificado las califica como un ejemplo a seguir, o como una empresa comprometida que continúa sus esfuerzos por renovarse.

“El Certificado CRESE no acredita que una empresa es socialmente responsable, sino que ha implantado un sistema de gestión de calidad  humana y responsabilidad social antropológicamente sustentable, de manera que cada día será una empresa más humana y humanizante y por consiguiente más productiva”.

Es un logro tangible de lo que la Doctrina Social Cristiana propone para el funcionamiento de las empresas y organizaciones, y funciona por el acompañamiento y evaluación que se ofrece a las empresas, así como testimonios que dejan claro que las empresas más humanas son capaces de producir más frutos en todos los ámbitos.

El planteamiento de este ensayo debía estar inspirado en “cómo hacer que mi ámbito de trabajo sea Socialmente Responsable”, sin embargo creo que para ello lo principal era hablar de la RSE en sí misma. Lo que quiero expresar al hacer esto es que, para que una empresa sea Socialmente Responsable, es necesario que sus miembros sepan en qué consiste serlo, y que estén convencidos de su importancia y necesidad. 

Todo inicia cuando se le da a conocer a la persona su propia dignidad, y los derechos y exigencias que conlleva. Hay una verdad esencial escrita en la naturaleza humana, que hace referencia a valores permanentes que deben ponerse en práctica para que la persona sea quien está llamada a ser. Y nuestra realización y plenitud personal depende del compromiso que tomemos por colaborar para que las personas que nos rodean descubran su dignidad y vocación. La responsabilidad por el otro se descubre como algo esencial y necesario para alcanzar nuestra felicidad, y la RSE se convierte en una expresión particular de una convicción profunda que impregna no sólo la vida económica, sino toda la convivencia humana.

Bibliografía
Arias Padilla, D. Las motivaciones de la Responsabilidad Social de la Empresa. En: http://www.ucsp.edu.pe/index.php/dsi/1552-focus-1
Calvo, C. Las diferentes teorías que sustentan la Responsabilidad Social de la Empresa: estado de situación y prospectiva. En: http://www.cyta.com.ar/biblioteca/bddoc/bdlibros/334_calvo.pdf
http://www.empresaresponsable.org/
http://www.empresaresponsable.org/docs/MEMORIA_CRESE2013.pdf

viernes, 28 de marzo de 2014

Compartiendo mi felicidad

La administradora del edificio nos da, al menos, un concierto de trova en la semana. Pone sus discos a todo volumen, empezando con canciones existenciales tipo "Gracias a la vida" y "Sólo le pido a Dios", y de ahí lo que venga. Lo cual me pone en el mood de escribir lo que sigue.

Es evidente que ella hace click con sus inquilinos de planta baja (es decir, nosotros). Aunque particularmente con mi señor esposo, porque él está mucho más impregnado de trovas, Serrat y Alberto Cortés. Lo trae en sus cimientos. Yo lo descubrí como consecuencia de los ambientes a los que he ido llegando en la vida. Para un espíritu cristiano y rebelde, ese tipo de música tiene un no sé qué de alegría, melancolía, protesta, deseos de cambiar el mundo... en fin, le dan al punto exacto. Nuestra casera, como he llegado a decir, está loca (loquísima), y ella misma lo sabe y lo dice. Se ha ganado mi respeto y mis carcajadas. Y me gusta que nos saca nuestro lado rebelde y filosofón cuando estamos con ella.

Pero, aunque parece que estoy hablando de ella, en realidad al personaje al que quiero llegar con esta entrada de blog es a mi esposo. No puedo esperar al aniversario para escribir acerca de lo que amo de él y lo que he ido descubriendo. Hoy quiero agradecerle a Dios porque me permitió conocer a un soñador, como yo, pero que tiene los pies en la tierra y me ayuda a aterrizar. A un rebelde, como yo, pero que planea cuidadosamente y me ayuda a no ser impulsiva en mis acciones para cambiar el mundo. A un amante apasionado de la vida y del amor, como yo, pero con el equilibrio necesario para trabajar conmigo en las cosas pequeñas que importan más en la vida cotidiana.

En fin, es capaz de escuchar a una esposa que llora por algo que vio o escuchó el día anterior, y reclama tiernamente que no sabía que fuera algo tan importante. Y aconseja, y abraza. Se casó con un corazón expuesto que se abre con todo. Yo me casé con un corazón con la costumbre de esconderse, aunque, gracias al amor que nos tenemos, siempre sale a la luz cuando estamos juntos.

Me casé con un esposo que, al mirarme con mi vestido de Éowyn, mi capa y mi espada, me hace declaraciones de amor y piropos. Ello, claro está, mientras él luce una vestimenta equivalente. Llegamos a las fiestas, y seguimos siendo los mismos bichos raros de siempre. El matrimonio y la procreación han completado el proceso de momentáneo aislamiento de nuestros contemporáneos. Vaya, el punto es que tengo a alguien que me acompaña. Un experto peregrino, que camina a pesar de todo, que mira a Dios en los momentos de dificultad, que se fortalece cada día.

...y aquí se acaba mi escrito. Mi procreación reclama leche matutina.